Paris-Roubaix 2026: previa, favoritos y los adoquines que decidirán la carrera
Van der Poel busca igualar el récord histórico de cuatro victorias mientras Pogačar persigue el Monumento que le falta para entrar en el Olimpo del ciclismo
258,3 kilómetros separan Compiègne del velódromo de Roubaix. 30 sectores de pavé suman 54,8 kilómetros de adoquines donde una piedra suelta, un pinchazo o un segundo de desconcentración pueden destruir meses de preparación. La 123ª edición del Infierno del Norte se disputa este domingo 12 de abril y llega cargada de historia por escribir. Mathieu van der Poel defiende un trono que ocupa desde hace tres años consecutivos y quiere igualar el récord absoluto de cuatro victorias que comparten Roger De Vlaeminck y Tom Boonen. Enfrente, Tadej Pogačar busca el único Monumento que le falta para convertirse en el cuarto ciclista de la historia en ganarlos todos.
No es una carrera más. Es la colisión de dos ambiciones históricas sobre el pavé más brutal del calendario.
Un recorrido que aprieta desde el principio
Los organizadores de ASO han modificado la primera parte del trazado para hacer la carrera más selectiva desde los kilómetros iniciales. El desvío hacia el este, pasando por la localidad de Briastre, encadena los cuatro primeros sectores de pavé con apenas asfalto entre ellos. La densidad de adoquines en esa zona no tiene precedentes en ediciones recientes, y el objetivo es claro: forzar a los equipos a posicionarse desde temprano, castigar a los rezagados y provocar selección antes de llegar a los sectores decisivos.
El sector 26, un tramo poco habitual que incluye una subida de 800 metros sobre pavé, vuelve al recorrido después de años de ausencia. Esa combinación de pendiente y adoquines añade un ingrediente que los especialistas puros no suelen encontrar en Roubaix, y que podría favorecer a corredores con capacidad para cambiar de ritmo en cuesta. Los últimos 20 sectores, desde el Haveluy à Wallers de cuatro estrellas hasta el Carrefour de l'Arbre, permanecen intactos respecto a 2025.
Los tres jueces de piedra
Tres sectores de cinco estrellas marcan las fronteras entre los candidatos y el resto. La Trouée d'Arenberg aparece con 98 kilómetros por recorrer: 2.400 metros en línea recta a través de un corredor forestal donde los adoquines son especialmente irregulares y el polvo o el barro —según el clima— reducen la visibilidad a casi nada. Las caídas aquí son frecuentes y las consecuencias, definitivas. Quien sale mal de Arenberg rara vez vuelve a la cabeza de carrera.
Mons-en-Pévèle llega más adelante, cuando las piernas ya acumulan más de 200 kilómetros. Sus 3.000 metros de pavé suelto y superficie impredecible representan el punto donde las diferencias de resistencia empiezan a pesar más que la táctica. Los adoquines se mueven bajo las ruedas, las bicicletas rebotan sin control y mantener una línea limpia exige una concentración brutal. Es el sector que suele partir la carrera en dos grupos irreconciliables.
El Carrefour de l'Arbre cierra la trilogía a solo 17 kilómetros de la meta. 2.100 metros donde se han decidido innumerables ediciones. Es el último gran escenario para atacar antes del velódromo, y los corredores que llegan con piernas lo saben. Aquí se produjo el ataque ganador de Van der Poel en 2023, aquí se consolidó su ventaja en 2024, y aquí volvió a marcar diferencias en 2025. Si alguien quiere destronar al neerlandés, probablemente necesite hacerlo en este tramo.
Van der Poel: el rey de los adoquines busca la eternidad
Mathieu van der Poel ha ganado tres Paris-Roubaix consecutivas, algo que no se veía desde Francesco Moser entre 1978 y 1980. Su estadística en esta carrera desafía la lógica: cinco participaciones, tres victorias, un porcentaje de éxito del 60% en una prueba donde los favoritos abandonan por pinchazo o caída con frecuencia alarmante. Ningún otro corredor en activo se acerca a esos números.
El neerlandés de Alpecin-Premier Tech llega a esta edición con la E3 Saxo Classic 2026 en el bolsillo, su tercer triunfo consecutivo en esa carrera. Ese día demostró que su nivel sobre adoquines sigue siendo estratosférico: atacó solo, resistió la persecución de cuatro rivales y cruzó la meta con la misma autoridad que exhibe en Roubaix. En la Gent-Wevelgem formó una escapada espectacular con Wout van Aert que solo fue neutralizada a menos de dos kilómetros de meta.
Una cuarta victoria lo colocaría junto a Roger De Vlaeminck y Tom Boonen como los ciclistas con más triunfos en la historia de Paris-Roubaix. Van der Poel ya es leyenda de esta carrera, pero igualar ese récord lo convertiría en el corredor más dominante que los adoquines del norte de Francia hayan conocido en la era moderna. Su capacidad para absorber los impactos pedaleando de pie, su lectura táctica de los sectores y la profundidad de su equipo —con Jasper Philipsen, Florian Sénéchal y Oscar Riesebeek a su disposición— hacen de él el máximo favorito.
Pogačar: la pieza que falta en el rompecabezas
Solo tres ciclistas en 120 años de historia han ganado los cinco Monumentos del ciclismo: Rik Van Looy, Eddy Merckx y Roger De Vlaeminck. Tadej Pogačar tiene cuatro. Le falta Paris-Roubaix. La magnitud de lo que está en juego no necesita adjetivos: ganar el domingo lo convertiría en el cuarto hombre en lograrlo y, con 27 años, en el más joven de la lista.
El esloveno de UAE Team Emirates-XRG ya acumula 11 victorias en Monumentos, igualando a De Vlaeminck en el segundo puesto histórico detrás de los 19 de Merckx. Tiene la Milán-San Remo de hace dos semanas, donde venció a Pidcock tras sobrevivir a una caída masiva. Tiene tres Lieja, cinco Lombardía y dos Tour de Flandes. Pero Roubaix es diferente. Roubaix exige habilidades que no se miden en vatios por kilo: instinto sobre adoquines, gestión del riesgo mecánico, la capacidad de mantener la calma cuando la bicicleta rebota bajo tu cuerpo durante kilómetros sin fin.
En 2025, su debut en la carrera, Pogačar demostró que puede competir en Roubaix al más alto nivel. Siguió cada aceleración de Van der Poel hasta que un error de cálculo en una curva sobre adoquines lo envió contra las barreras a 38 kilómetros de meta. Se levantó con la cadena fuera, cambió de bicicleta, sufrió un pinchazo adicional y terminó segundo a 1 minuto y 18 segundos. Segundo en su primera Roubaix es un resultado excepcional, pero el margen con Van der Poel fue enorme.
Este año ha renovado por completo su configuración para los adoquines. UAE ha montado su Colnago Y1Rs con neumáticos Continental GP5000 de 35 milímetros, llevando la capacidad del cuadro al límite absoluto. Para ganar espacio para esas ruedas más anchas, eliminó el desviador delantero y compite con un solo plato, una decisión radical que demuestra hasta dónde está dispuesto a llegar. El manillar lleva doble encintado para absorber vibraciones. Cada detalle técnico apunta a una obsesión: no volver a perder Roubaix por problemas mecánicos.
Philippe Gilbert, excampeón del mundo y ganador de cuatro Monumentos, declaró que Pogačar "nunca será el favorito en Roubaix" porque la carrera exige un tipo de experiencia que no se improvisa. Puede que tenga razón. Pero descartar a un corredor que gana todo lo que se propone sería el error más peligroso que sus rivales podrían cometer.
Van Aert, Pedersen y los otros cazadores
Wout van Aert completa el tridente de favoritos. El belga de Visma-Lease a Bike ha construido una primavera sólida sin resultados espectaculares: tercero en la Milán-San Remo tras la caída que compartió con Pogačar, y segundo en Dwars door Vlaanderen donde Filippo Ganna lo atrapó en la misma línea de meta después de que Van Aert atacara solo. Esas derrotas ajustadas hablan de un corredor que tiene las piernas pero no ha encontrado el día perfecto. Roubaix podría ser ese día. Su equipo incluye a Christophe Laporte —tercero en la Gent-Wevelgem y con resultados constantes toda la primavera—, Timo Kielich, Stefan Bissegger y Oliver Naesen, una formación diseñada para los adoquines.
Mads Pedersen sabe lo que es subir al podio en Roubaix. El danés de Lidl-Trek terminó tercero en 2025 detrás de Van der Poel y Pogačar. Su aproximación a Roubaix es quirúrgica: distribución de esfuerzo milimétrica a lo largo de los 258 kilómetros, sin desperdiciar un vatio antes de los sectores decisivos. Ha mostrado consistencia toda la primavera, con un cuarto puesto en San Remo, y llega sin el peso de ser favorito pero con la experiencia de saber exactamente qué se necesita para ganar.
Filippo Ganna irrumpió en la conversación con su victoria en Dwars door Vlaanderen, donde destrozó a Van Aert en la línea de meta tras romper rueda y manillar en dos incidentes separados durante la carrera. El italiano de INEOS Grenadiers tiene la potencia bruta para dominar los sectores de pavé —pocos ciclistas en el pelotón generan más vatios que él— y su victoria sobre los muros de Flandes demostró que puede competir en el terreno más duro. Matteo Jorgenson, defensor del título de Paris-Niza, es otro nombre a vigilar por su polivalencia y su capacidad para mantenerse en la cabeza cuando la carrera se endurece.
La primavera que define la forma
Los resultados de las últimas tres semanas ofrecen un mapa claro de fuerzas. Pogačar ganó la Milán-San Remo el 21 de marzo en un final resuelto por medio neumático contra Pidcock, demostrando que su forma es excepcional pese a la caída que sufrió antes de la Cipressa. Van der Poel conquistó la E3 Saxo Classic el 27 de marzo con un ataque en solitario que recordó sus mejores días, completando un hat-trick que ningún otro corredor activo puede exhibir.
La Gent-Wevelgem del 29 de marzo —ahora rebautizada como In Flanders Fields— produjo uno de los finales más espectaculares de la temporada. Van der Poel y Van Aert se escaparon juntos con una ventaja que parecía definitiva, pero el pelotón los atrapó a menos de dos kilómetros de meta y Jasper Philipsen se quedó con la victoria al sprint. Esa imagen resume la dinámica de esta primavera: los tres grandes tienen las piernas para dominar, pero neutralizarse mutuamente abre la puerta a terceros.
Dwars door Vlaanderen el 1 de abril completó la semana flamenca con la sorpresa de Ganna batiendo a Van Aert en la línea. El Tour de Flandes se corre este domingo 5 de abril —una semana antes de Roubaix— y servirá como último examen de forma para todos los candidatos. Pogačar es el defensor del título allí, y la presencia confirmada de Remco Evenepoel en su debut añade un elemento de incertidumbre que podría alterar las tácticas de todos.
La batalla táctica que se avecina
El recorrido modificado de 2026 favorece la agresividad temprana. La sucesión de cuatro sectores sin respiro al inicio de la zona de pavé obligará a los equipos a gastar hombres antes de lo habitual, y los corredores que lleguen a la Trouée d'Arenberg sin el apoyo de sus gregarios pagarán un precio alto. Alpecin-Premier Tech tiene la formación más profunda para este tipo de guerra de desgaste. UAE ha prometido un equipo fuerte alrededor de Pogačar, pero la pérdida de Jan Christen por la caída de San Remo podría dejar un hueco en su estructura.
La meteorología será otro factor. Las previsiones a una semana vista sugieren condiciones secas con temperaturas en torno a los 12 grados, lo que favorecería una carrera rápida con menos riesgo de resbalones pero más polvo en los sectores. En seco, la habilidad técnica de Van der Poel alcanza su máxima expresión. En mojado, el caos iguala las fuerzas y abre posibilidades para los outsiders.
El desenlace más probable pasa por una selección progresiva en los sectores de cinco estrellas y un grupo reducido de tres a cinco corredores llegando al Carrefour de l'Arbre. Si Van der Poel ataca allí, como ha hecho en las tres últimas ediciones, el resto necesitará seguirlo o resignarse a pelear por el podio. Si Pogačar aprende de su error de 2025 y gestiona los riesgos sin perder contacto, el velódromo de Roubaix podría vivir un sprint a dos que definiría una era.
Dos récords en juego. Un solo velódromo. 258 kilómetros de infierno para decidir quién escribe su nombre en la piedra.
Referencias
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